Apareció la Marina Abramović de la política nacional en otra de sus estrambóticas performances para denunciar esta vez el disparate del cierre a los vehículos de la Gran Vía madrileña. Esperanza Aguirre alzó la voz rodeada de periodistas mientras apuntaba a lo lejos el desastre que, en forma de atascos monstruosos, se cernía sobre los ciudadanos. Un jubilado despistado se acercó para felicitarla por la iniciativa, que le permitía disfrutar del centro de la ciudad como nunca antes. El revés no descompuso a nuestra protagonista, que mantuvo el tipo y el rictus y siguió a lo suyo. Show must go on.
Llegó por fin la parte central del espectáculo, en la que para demostrar lo innecesario de la medida se dispuso a demostrar empíricamente que las aceras de la avenida madrileña eran más anchas que las de Londres, por ejemplo. ¿Para qué van a querer más espacio los peatones si a los británicos les sobra con lo que tienen? Aceras por encima de nuestras posibilidades, jamás. Para ello, Aguirre no recurrió a la siempre eficaz cinta métrica ni a los alardes tecnológicos de un puntero láser. Tampoco al matiz arcaico que da una cuerda, por ejemplo. Para alcanzar la mayor precisión posible, atómica incluso, acudió a su propia zancada. Una zancada, dos zancadas, tres... Hasta nueve dio la rubia política de sonrisa helada y corazón gélido. "¿Lo ven? Más ancha que la de Oxford Street, lo que les decía." Parece que me lo invento, pero ahí están las imágenes, testigos incrédulos de esta nueva cima aguirrista.
La performance, además de la confirmación del ansia de Carmena por traer el caos al planeta permitiendo a los peatones caminar sin codazos por el centro de Madrid, nos ha servido para determinar una nueva unidad de medida, la 'zancada/espe' o 'espe' a secas, que podemos precisar en 0'62 centímetros, por cuanto las aceras de la Gran Vía vienen a medir unos 5'60 metros. Mientras el 'espe' desplaza al metro como estándar del Sistema Internacional de Unidades, les dejo unas equivalencias para que se vayan habituando a él.
Altura de la Puerta de Alcalá: 33.8 espes
Longitud del Santiago Bernabéu: 169,35 espes
Estatura de Xavier García Albiol: 3.24 espes
La cara que tiene Esperanza Aguirre, mientras, es una constante que permanece invariable independientemente de la unidad en la que se mida: siempre tiende al infinito.
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miércoles, 7 de diciembre de 2016
martes, 26 de mayo de 2015
No tenéis vergüenza
Esperanza Aguirre, que conoce la vergüenza porque se la
encontró una vez de paseo en el Retiro, se había pasado la campaña presumiendo de chulapa
y sacando de paseo primero a Pecas y luego a ETA, que siempre estará viva en
los corazones de algunos.
El que en cualquier otro momento habría sido el principal
rival de la condesa continuaba con su particular yincana con la que se
proponía destruir, probablemente inspirado en el Ejército Islámico, cualquier
atisbo de cordura y de sensatez en un partido al que ya le da igual todo si los
de enfrente las pasan igual de canutas que ellos.
Lo de que la falta de vergüenza es algo transversal lo
demostró Pablo Iglesias jugando una pachanga con la camiseta republicana y un
estilo en las antípodas de Laudrup que consiguió lógicamente hacerse con la
portada de La Razón, encantada con poder ensañarse con el líder de Podemos
también en este terreno de juego.
Floriano apareció cuando la debacle parecía ya segura y se
enrocó en el mantra que acompañaría durante toda la noche a los compañeros de
su partido. “El Partido Popular ha sido el partido más votado por los
españoles” dijo Floriano sin que se le moviera una ceja, y fueron repitiendo
el resto de ganadores que poco a poco irán limpiando los escritorios en los que
han acumulado papeles oficiales las dos últimas décadas.
Terminaba así una campaña electoral, que básicamente es un
ejercicio de paciencia para el ciudadano, asombrado por la falta de escrúpulos
del ser humano, y comenzaba otra etapa, la de los pactos, donde también es
necesario dejar la vergüenza a un lado si lo que se pretende es dormir por las
noches.
En Oyón, un pequeño pueblo de La Rioja alavesa, su hasta
ahora alcalde también depende de estos pactos antinatura para conservar el
bastón. Lo bueno que tiene él es que, como ya nos enseñó en campaña, ni tiene
vergüenza ni la espera.
jueves, 14 de mayo de 2015
Esto no es una pipa
René Magritte nos puso delante una pipa al tiempo que nos
alertaba: ‘Esto no es una pipa’. Magritte era un pintor surrealista y era
belga, que viene a ser lo mismo casi siempre, y por eso no nos quedó más
remedio que creerle y darle la razón. Si nos poníamos exquisitos, lo que veíamos no era
propiamente una pipa, sino una imagen representada de lo que convenimos que es
una pipa.
Alfonso Rus quiso optar también por el surrealismo cuando,
tras aparecer las grabaciones en las que se le escuchaba contar dos millones de
pelas procedentes, supuestamente, de una comisión ilegal, intentó convencernos
de que esa voz no era la suya. El drama para Rus es que no nació en Bruselas,
ni en Lessines, sino en Jávea, y que además ocupa(ba) la Diputación de Valencia
para el Partido Popular, que no es que sea sinónimo de corrupción pero ustedes
ya me entienden.
El bueno de Rus, de todas formas, no hizo más que aplicar
una de las máximas que rigen la política de este país, y que viene a decir que
nunca se es responsable de nada que te suponga una carga y que las culpas,
incluso cuando son tuyas, nunca son exactamente tuyas. Es más, son de los demás.
Este surrealismo ibérico, que casi nunca funciona tan bien
como el belga, tiene en Esperanza Aguirre uno de sus mejores exponentes.
Superviviente indemne de todo tipo de situaciones tremebundas (desde atentados
islamistas o caídas de helicópteros hasta aparcamientos improcedentes en la
Gran Vía), la risueña lideresa tiene una capacidad innata para aguantar el
rictus en su rostro de cemento cuando asegura, por ejemplo, que fue ella quien
destapó la ‘trama Gürtel’ o que no conocía a aquel imputado de quien fue
testigo en su boda. Aguirre nunca miente, y cuando lo hace es porque,
lamentablemente, estaba mal informada y no hacía más que reproducir lo que leyó
una vez en el periódico. Dentro de unas semanas será la nueva alcaldesa de
Madrid, y es probable que ni siquiera tenga que recurrir a ese episodio
surrealista en el que consistió el ‘tamayazo’. Ya estamos curados de espantos.
Y nos creemos cualquier cosa.
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