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jueves, 9 de julio de 2015

Carta abierta a 13 TV

Estimada 13TV:

Me preparo, como cada noche, para seguirte, para sentirme parte de esa mesa de debate llena de grandes nombres de la comunicación de nuestro país que nos regalas cada noche. Para dejarme llevar por mi parte más tertuliana, esa que se sorprende gritando como un loco ante el cinismo desacomplejado que de vez en cuando dejan caer por ahí, pongamos, un repelente Pablo Casado o un relamido Rafael Hernando, deseosos de seguir progresando en el escalafón popular. Que se retuerce ante la duda de si soporta menos a Carlos Cuesta o a Alfonso Merlos. O que asusta a los vecinos mientras grita a la pantalla que ojalá dejen de fabricar el tinte de Isabel San Sebastián. Me gusta esa parte llena de ira y rencor que consigues sacarme con tu tintineante cascabel.

Te escribo, tranquilo, no para protestar por la selección, llamémosle poco equilibrada, de los componentes de la mesa de debate. A buen seguro estarás harta de recibir las quejas de esa panda de perroflautas a los que acusáis, siempre con una gran sonrisa en el rostro, de descuidar su higiene y de planear en un futuro inminente el asalto a las iglesias y ejecuciones sumarias en la Puerta del Sol. Mi llamada de atención no tiene nada que ver con el sesgo ideológico de vuestros tertulianos de cámara. De todas formas, cada cual es muy libre de lobotomizar a la audiencia con las armas que quiera.

Lo que quiero apuntar, simplemente, es que quizás ha llegado el momento de darle una vuelta a las preguntas que realizáis cada noche para que los espectadores os hagan llegar su opinión a razón de 1,45 euros desde la red fija o unos módicos 2 euros desde el móvil (¿he oído crisis?).

Lo que quiero decir, a ver si me entiendes, es que planteando TODAS LAS NOCHES estas preguntas

-¿Le gustaría que un partido de izquierda radical gobernara en España?
-¿Cree que sería bueno para España un Gobierno de Pablo Iglesias apoyado por Pedro Sánchez?
-¿Cree que si Podemos gobernara en España el país acabaría como Grecia?
-¿Se fía de lo que vayan a hacer los Ayuntamientos gobernados por Podemos?
-¿Cree que Podemos es un peligro para España?

y recibiendo siempre unos porcentajes de voto similares, siempre en el mismo sentido, quizás ya ha quedado claro cuál es la opinión de tu audiencia al respecto.




                                           Yo es que sigo sin verlo claro.

Por supuesto, eres muy libre de continuar con tu cuestionario teléfonico antipodemita para cerciorarte al 100 por cien, o incluso un poco más, de que no, de que Pablo Iglesias no es un personaje bien valorado por esos espectadores. Y no te digo, por supuesto, que preguntes por el futuro de Rita Barberá en el Senado, o si Joaquín Leguina debería recibir íntegros los 8000 euros del Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid porque, eh, se los ha ganado y no debe financiar el paro de ningún socialista resentido. Yo qué sé. Pregunta lo que quieras. Pregunta por Casillas, si quieres. O sigue preguntado por Pablo. Quizás hasta le cogen cariño.

Un humilde español.


lunes, 26 de mayo de 2014

Pablemos

Dicen que alguna vez se le vio sonreír, aunque la fama de azote de la casta política labrada a golpe de plató le impida ahora esbozar el mínimo gesto que comprometa la linealidad de sus labios. La mirada profunda y atormentada, el ceño fruncido que nos grita lo preocupado que está por nuestro bienestar, la lengua afilada para contrarreplicar el enésimo intento de Marhuenda o Alfonso Rojo de sacarle de sus casillas. El epíteto raudo que escapa de su boca, la búsqueda del aplauso instantáneo de quienes están dispuestos a celebrar las palabras de cualquiera que escape al discurso monolítico de nuestra Cultura de la Transición.

Pablo, Pablemos, el tipo de la coleta de La Sexta, es uno de esos seres especiales capaces de aglutinar el odio y el desprecio que proceden de todos los rincones del espectro ideológico. Para algunos es un izquierdista radical financiado por el terrorismo internacional, un seguidor convencido del populismo chavista, un aliado de los separatistas que anhelan la extinción del Estado y que se alimentan con la sangre de bebés españoles. Para otros es un títere que le hace el juego a la derecha, un peligro para la definitiva desintegración de una izquierda abonada al caos de siglas y a las zancadillas de sus correligionarios.

                                                      Sólo soy un tipo normal
Él, mientras, repite ante las cámaras sin error posible un discurso grabado a fuego en el que la naturalidad le cede el testigo a la impostura y a la inherente demagogia que es la sal y la pimienta de la política, donde el mensaje prefabricado dirigido a los votantes apesta a edulcorantes y acidulantes. Lo hace con un mesianimo artificioso y un narcisismo que raya en lo patológico y que lo ha llevado a ser la imagen de su recién nacido partido en las papeletas electorales. "Es la mejor manera para identificarnos ante los electores" dice, como si quisiera convencernos de que ha aprobado esa solución a regañadientes.

Filoterrorista, antisistema o peligroso populista ultraizquierdista, el nuevo europarlamentario y futuro asaltante a la Moncloa representa algo muchísimo peor: el recuerdo de una clase política dominada por ciegos soberbios y desconectados de los ciudadanos y en la que él, pese a todo, es uno de los escasos tuertos capaces de atisbar lo que se encuentra más allá de sus narices.