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lunes, 23 de junio de 2014

El enemigo en casa

Decía Vito Corleone, en un arranque de lucidez para aconsejar sobre el oficio de mafioso, que había que tener cerca de los amigos pero más cerca aún a los enemigos. En Las Palmas todavía estarán pensando si habría sido mejor llenar las gradas con aficionados del Córdoba, el equipo rival con el que se jugaban el ascenso a la Primera División. Con el triunfo en la mano y ya en el tiempo de descuento, unos cuantos cientos de incontinentes seguidores del conjunto canario invadieron el terreno de juego para celebrar una victoria que aún no se había producido. El árbitro detuvo el encuentro y, tras la reanudación para disputar los dos minutos que faltaban, el equipo cordobés empató el partido y celebró el ascenso en medio de una batalla campal y la impotencia de los insulares.



El problema del PSOE es que ni siquiera desde dentro pueden determinar con exactitud dónde situar la línea que separe a amigos y a enemigos. La clasificación gradual de peligros en la política que le debemos a Andreotti (o a Adenauer), es decir, “adversarios, enemigos y compañeros de partido” se cumple a rajatabla en esta formación donde quien más quien menos luce tres o cuatro cuchillos adornados con un puño y una rosa asomando por la espalda. Lo peor para los militantes de base, esos a los que han prometido que serán clave en la elección del próximo Secretario General, es que el partido está quedando reducido a cenizas gracias al esfuerzo de unos dirigentes que de tanto amor a los principios del socialismo van a terminar abrazando al PP por su derecha.

De momento, Pablo Iglesias y su novia Tania Sánchez, diputada autonómica de IU, son los únicos candidatos para protagonizar un remake anticasta de Durmiendo con su enemigo. Aunque yo solo pagaría para ver en el cine una versión protagonizada por Eduardo Madina y Susana Díaz. La guerra de los Rose pasaría a ser, a su lado, una comedia romántica de las de Julia Roberts o Jennifer Aniston.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Regreso al futuro socialista

En la escena final de Regreso al futuro II, Marty McFly aparece, ante la sorpresa de Doc, en el mismo lugar del que ha salido tan solo unos segundos antes. El científico al que daba vida Christopher Lloyd no salía de su asombro mientras el protagonista, a quien creía ya a salvo en su espacio temporal correcto, trataba de explicarle lo que había ocurrido. "Me has mandado al futuro, Doc, pero HE VUELTO".
Hoy, en un ambiente de fingida euforia y triunfalismo de diseño, Alfredo Pérez Rubalcaba se dirigía a los asistentes de un engendro denominado 'Conferencia política' con el que el principal partido de la oposición pretendía acercarse a la realidad y a las preocupaciones de su electorado. El secretario general, en este ambiente de aplauso gratis impregnado de socialismo aseguraba que 'el PSOE ha vuelto'.
Como en la película de Zemeckis, el PSOE había emprendido un incierto viaje que Rubalcaba ha querido dar por finalizado en este acto de profunda renovación del partido, con Felipe y Zapatero de cuerpo presente. El PSOE, claro, ha vuelto. Y, como Marty McFly, ha vuelto décadas atrás de su verdadero tiempo. El futuro puede seguir esperando.